"Dos senderos se abrían en el bosque y yo… yo tomé el menos transitado”. – Robert Frost "

La noche en Bangkok ⋆ Tu Comunidad de Viajeros

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Portada / Tailandia

La noche en Bangkok

“Jamás pertenecería a un club, que tuviera a alguien como yo de socio.”

La primera vez que escuché esa frase fue en boca de Woody Allen, parafraseando a Groucho Marx en el monólogo inicial de su mejor película: “Annie Hall ”.

Recuerdo a mi yo adolescente dándole vueltas a la cabeza, preguntándome que tipo de persona era, y admitiendo que no querría rodearme de gente similar a mi.

Fue cuando reparé en mi egocentrismo,  en mi sociopatía y en la desgana y despreocupación que me generaba todo a mi alrededor. A día de hoy mantengo, en menor medida, cada uno de esos defectos, pero desde entonces me voy haciendo periódicamente la misma pregunta de manera involuntaria.  La última vez fue hace unos días.

-¿ Has venido a encontrarte a ti mismo?

La pregunta salía a trompicones y en un inglés forzado de la boca de una prostituta de Soi Cowboy (uno de los tres barrios rojos del centro de Bangkok) que agarrando mi mano con fuerza y cansada del aportación casi nula por mi parte a la conversación, decidió tomar cartas en el asunto.  Así que ni corta ni perezosa, estaba dispuesta a hacer temblar los cimientos del existencialismo, y destronar a filósofos aficionados como Nietzsche.

Y eso la convierte en emprendedora por hacer del turismo sexual filosófico, una realidad.

«Tremendo sitio para encontrarme a mi mismo», pensé.

El local no se diferenciaba en nada a cualquiera de los de esa calle.

Soi cowboy

Camuflados en la oscuridad, una fila de sillones acolchados rodean una plataforma iluminada, repleta de barras americanas, en las que bailan unas veinte chicas numeradas esperando a ser escogidas y empezar la negociación directamente con el cliente, mientras otra se da una baño de espuma en una bañera improvisada y otras cuantas que se hacen llamar a si mismas “informadoras” (como la filosofa en cuestión) se acercan a los clientes a ofrecerles conversación de calidad a cambio de que las inviten a una bebida.

Se pueden distinguir distintos tipos de clientes, algunos, cincuentones en su mayoría, se mueven con la naturalidad del que sabe lo que hace y otros, como mi amigo y yo, lejos de encontrar el sentido de la vida, permanecíamos incómodos y a la defensiva ante los intentos de las chicas de autoinvitarse y rechazando sus propuestas de seguir informándonos a solas en una habitación.

Imagen

Esa es la descripción de prácticamente todos los locales situados en estos tres barrios:

Patpong, Soi Cowboy y Nana Plaza.

Separados por escasos kilómetros entre ellos, fueron impulsados a finales de los años sesenta por los soldados estadounidenses que llegaban a combatir en la guerra de Vietnam, y que acudían a ellos en busca de desahogo y diversión. Una vez finalizada la guerra, los turistas fueron el relevo natural permitiendo el asentamiento de la industria de la prostitución en Bangkok.

Imagen

Soi Cowboy y Nana Plaza se encuentran algo apartados. El primero, lugar de rodaje de algunas escenas de Resacón en Tailandia, es el más colorido pero el menos variado en cuanto a oferta, consiste en una calle repleta de cortesanas esperando fuera de los clubs, dentro de los cuales podéis encontrar lo anteriormente descrito;  El segundo, Nana Plaza,  es una especie de recinto cerrado de varias plantas, con una concentración de transexuales superior a los demás, que a riesgo de generar rumores, son de lo más simpático que he encontrado en los tres barrios hasta el momento. Te vitorean a tu llegada, te hacen cosquillas y bromas al pasar, digamos que… le ponen ganas al asunto.

Nana plaza

Patpong, el más conocido y el de más fácil acceso, de día es prácticamente un callejón inerte, pero de noche se transforma completamente y se llena de luces y de las tiendas que componen su famoso mercado nocturno, cuyo producto estrella son las falsificaciones de relojes caros.La oferta es más variada en cuanto a entretenimiento. Los clubs se acumulan en los pisos superiores de los edificios laterales y a pie de calle los locales se reparten el espacio con las tiendas de tatuajes y los relaciones públicas, que te ofrecen los archiconocidos Ping-Pong shows.

Patpong de día

Acordando un precio por la bebida  (100 THB por cerveza) y asegurándome de que no hay gastos adicionales, yo, en mi “infinita sabiduría”, decidí confiar en uno de ellos que parecía buena gente.

Después de seguirlo a través de unas escaleras oscuras, nos reciben en  la puerta unos seres de ambigua sexualidad.

La primera ojeada fue suficiente para notar la incomodidad de los presentes, el lugar, exageradamente sombrío, podría llegar a intimidar a más de uno, pero había que darle un voto de confianza así que nos sentamos. Se acercan dos chicas a las que rechazamos, y se alejan dejando sus bebidas en nuestra mesa y en ese mismo instante hace su aparición estelar en el escenario el plato fuerte de la noche: un transexual con sobrepeso y enanismo.

Lo que una vez fue un hombre bajito, ahora es un híbrido entre una mujer y un poni, que agachada, y adoptando la menos erótica de las posturas, deleita a los presentes apagando las velas de una tarta a base de soplidos vaginales. Una maravilla.

El poni caminaba a ciegas sobre la delgada línea que separa lo sorprendente de lo repugnante.

Veinte segundos más tarde pedíamos la cuenta:  1600 THB ( 40€) :

El desglose:

-Dos cervezas :  200 THB (5€)

-Ver semejante show durante medio minuto :  1000 THB (25€)

-Dos coca-colas de las prostitutas que pasaron por delante:  400 THB (10€)

Sinceramente, me lo esperaba.

Pero mientras te niegas a pagar te van rodeando un grupo de transexuales cabreados  y después de un curioso intercambio de sinceras opiniones, no te queda otra que gritar, poner encima de la mesa los 200 bahts que acordaste previamente e irte lo más rápido posible. Y nunca, nunca mirar atrás.

Podría haber dicho que llegué al barrio de casualidad, pero eso explicaría la primera vez, pero no la segunda y mucho menos la tercera. Supongo que lo que me lleva a estos sitios es la eterna tarea de recolectar experiencias. Porque se trata de eso precisamente, de curiosear, de ver, de tocarlo todo. Si tu intención es pasar un buen rato, con la actitud adecuada lo conseguirás sin ningún problema.

Encontrarte a ti mismo ya es otra cosa.

Mas aventuras mochileras en : Dame Pasaporte

Aquí debajo os dejo algunas de las recomendaciones que hará de vuestra visita a Bangkok una pasada !! 🙂

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